Un diari personal de les meves coses i del món

divendres, d’octubre 15, 2004

La casa de papel

Hay gente que no puede desprenderse de sus libros y aún peor llega a acumular tantos libros que ya no sabe donde meterlos y luego están los coleccionistas , que buscan ejemplares inéditos y recorren todas las librerias de viejo en qualquier callejuela de la ciudad, en busca del "Santo Grial" en forma de libro. Libros, apolillados, amarillentos y deshojados, no importa.
¿Será una forma de locura, la de acumular libros, o acumular cosas, guardarlo todo?.
Guardar, coleccionar, acumular , que más dada, tener , tener.....
Me gustaría que algún psicólogo me respondiera a esto: ¿porqué ese afán de tener y poseer? de no desprenderse de nada.
El otro dia se murió un familiar mio que guardaba todos los periódicos desde hacia 25 años desde el primer ejemplar del periódico, no puedo ni imaginármelo, donde guardaba tanto papel?, su mujer me lo contaba y pensaba en la cantidad de papel acumulado en una sola casa, como es posible?
El libro del escritor Carlos Mária Domínguez está relacionado con esta locura de acumular libros y también de la locura de leerlos, de lectores y coleccionistas convulsivos .


Título: La casa de papel
Autor: Carlos María Domínguez
Editorial: Mondadori
Precio: 13,90 €

Una pequeña joya la que nos trae este autor argentino residente en Montevideo (Uruguay); pequeña sólo por su tamaño, apenas 100 páginas de un leve, aunque cuidado, tomo. Un ejemplar de La línea de sombra, del gran Joseph Conrad, es el protagonista, viajero de los mares y cubierto por una pátina de polvoriento Pórtland, algo que despierta la inquietante curiosidad del narrador; una inquietante curiosidad que nos comunica desde el primer párrafo de la primera página: "En la primavera de 1998, Bluma Lennon compró en una librería del Soho un viejo ejemplar de los 'Poemas' de Emily Dickinson, y al llegar al segundo poema, sobre la primera bocacalle, la atropelló un automóvil". A consecuencia de ese atropello, Bluma Lennon, profesora de Lenguas Hispánicas en una universidad londinense, pierde la vida y el narrador, subjefe de departamento, debe sustituirla. Una mañana, llega un sobre desde Uruguay, sin remitente, a nombre de la difunta Bluma; el narrador lo abre y encuentra el ejemplar del libro de Conrad; en la primera página, una dedicatoria con letra de la fallecida profesora: "Para Carlos, esta novela que me acompañó de aeropuerto en aeropuerto, en recuerdo de los locos días de Monterrey. Lamento ser un poco bruja y haberlo advertido enseguida: nunca harías nada capaz de sorprenderme. 8 de junio de 1996".

Con esos elementos, a partir de esos escasos datos, Carlos María Domínguez inocula en el lector la tensión, sabiamente administrada con un pulso narrativo excelente y una escritura impecable, adecuadamente adaptada a un relato que muestra cómo los libros, esos objetos iconográficos, se convierten en protagonistas de historias al margen de ellos, fuera de ellos, eclipsando a los personajes mismos. Lleno de resonancias que reverberan encendidas página tras página, en este La casa de papel habitan Onetti, Borges, Cortázar y tantos otros; y, por supuesto, Joseph Conrad; habitan como cantos escondidos entre esas paredes configuradas por la historia literaria que el autor ha sabido llenar de dulce y peligroso misterio en esta narración de la que no vamos a decir nada más para no desvelar ninguno de los abundantes elementos de tensión narrativa que hacen de este relato un goce continuo.

Aunque nos duela no poderlo decir de la mayoría de los libros que se publican actualmente, en este caso lo decimos sin dudarlo: lo mejor es leerlo; es absolutamente recomendable para comprobar que todavía se escriben relatos interesantes e incluso apasionantes, que nos aportan conocimiento y placer, lejos de las estulticias impresas de Dan Brown y su cohorte de seguidores.